Como más de los 35 millones de españoles que estábamos llamados a votar a las elecciones generales, hace unas semanas recibí por correo la propaganda electoral de los principales partidos que concurrían a los comicios.

He de reconocer que no suelo pararme demasiado a analizar su contenido ya que entiendo que no difiere mucho del que recibimos a lo largo de la campaña por las redes sociales o los medios de comunicación tradicionales. De hecho, el mismo día que me dispuse a abrir los sobres, había escuchado una tertulia en la radio en la que se cuestionaba la eficacia de este tipo de comunicación.

Y es que llama la atención que en plena era digital los partidos políticos continúen dedicando una parte importante de recursos a esta práctica que, lejos de extinguirse, ha sido asumida por las nuevas formaciones políticas surgidas en los últimos años, como Podemos o Ciudadanos.

También es verdad que el uso de las nuevas tecnologías y de las redes sociales no es el mismo entre los jóvenes que entre los mayores de 44 años, a los que pertenecen el 59% de las personas que podían votar en esta cita, según la encuesta de NC Report.

De una manera u otra, lo que está claro es que quieras o no, por estas fechas, todo el mundo recibe el aluvión de propaganda electoral. Por tanto, debe existir un estudio o análisis previo, que garantice la eficacia de esta práctica de comunicación. Estaría bien que alguna consultora lo hiciera público.

Propaganda electoral

Más allá de este debate, lo que me llamó la atención este año fue la propaganda del PSOE y el uso efectivo que hace de los datos (big data) para dirigirse de manera personal a cada uno de los futuros votantes, con un mensaje directo y elaborado teniendo en cuenta las características de cada uno.

En la carta electoral que recibí habían tenido en cuenta, como mínimo, dos variables: mi edad y mi sexo. Lo primero que me llamó la atención fue el número de veces en que hacían referencia a la igualdad y a la presencia de la mujer en la sociedad actual. Enseguida pensé en que este mismo discurso no calaría ni tendría el mismo efecto en todos los votantes y no me equivoqué.

Mientras que en mi caso, la carta daba prioridad a “la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, en la que tú has sido protagonista” o al hecho que “nunca un gobierno de España había contado hasta ahora con tantas Mujeres en el Consejo”.  En la epistolar que recibió una persona del sexo masculino, se incidía de manera especial la importancia de “coger las riendas para mejorar tu país” y trabajar en favor de “la España hemos empezado a transformar en los últimos meses”, haciendo referencia a la subida del salario mínimo, el derecho a la vivienda o la formación de calidad.

Otra variable que tuvieron en cuenta es la edad.  Si habías nacido antes de 1975, la carta comenzaba asegurando que “la España que hoy conoces es muy distinta de aquella en la que naciste”. Sin embargo, en la de una persona nacida durante la transición la frase de inicio hacía hincapié en que “tú ya naciste en una España que miraba hacia el futuro”

Estoy segura de que en un análisis más profundo se podría detectar muchos más matices que convierten a esta carta en un ejemplo del uso del big data en la comunicación política. Una manera de usar el gran volumen de datos que existen de nosotros en la red para hacer una comunicación más directa y personalizada cuyos resultados son más efectivos y que debe estar presente en cualquier estrategia de comunicación que se precie, ya sea de un partido política, de una empresa o de un medio de comunicación.

Cristina Roldán

Directora de Contenidos y Coordinación de Gabinetes