Hace poco, mientras leía la sección de Ciencia de El País, me topé con esta noticia: Las máquinas empiezan a ganar a los humanos en la predicción del riesgo de cáncer. El título llamó bastante mi atención, y no solo por el contenido de la información en sí, sino porque parece que la inteligencia artificial, una tecnología creada mediante la combinación de algoritmos, empiece su particular lucha contra sus propios creadores e incluso pueda a llegar a tomar decisiones que afecten a nuestras vidas. Así, de primeras, da un poco de miedo.

Claramente, la inteligencia artificial está en auge y, sin duda alguna, es aplicable a todos los sectores, incluido el de la comunicación. No se escapa ninguno. Esto… ¿es bueno o es malo? Algunos pensarán que con ella se eliminarán puestos de trabajo y acabarán rechazando este sistema. Posiblemente, en ocasiones, será así. Sin embargo, se deben conocer las dos caras de la moneda. 

¿En qué puede ayudarnos la inteligencia artificial?

En el caso del periodismo, el apoyo en la inteligencia artificial permitirá que numerosos procesos mecánicos se generen de forma automática, casi en un abrir y cerrar de ojos. De esta manera, esta tecnología aplicada a algunas tareas posibilitará la ‘liberación’ de un tiempo que se podrá dedicar a otros cometidos que precisan de más investigación, más análisis, más creatividad o también intuición, procesos que no se pueden automatizar porque requieren de nuestro conocimiento más ‘intrínseco’. Como consecuencia, se aportará más valor a los contenidos y aumentará con ello la calidad periodística.

Para que juzguen ustedes mismos, entre los muchos procesos que se pueden desarrollar a través de la inteligencia artificial en el sector de la comunicación se encuentran la mejora de contenidos, la traducción y la transcripción de entrevistas, la personalización individual de preferencias en las ediciones digitales y el análisis de contenidos en las redes sociales. Así que lo mejor que podemos hacer ante esta revolución es adaptarnos y evolucionar con ella. Reinventarnos.

Maria Muñoz

Consultora de Comunicación